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Cuarenta años... ¿y ahora qué?

Hace unos días, previo a mi cumpleaños número cuarenta, me encontré con la siguiente frase de un libro llamado La ciudadela interior , de Pierre Hadot, que trata sobre las Meditaciones de Marco Aurelio. Decía lo siguiente: “En cierto sentido, el hombre de cuarenta años, si tiene un poco de inteligencia, ha visto todo lo que ha sido y todo lo que será, reconociendo que todas las cosas son de contenido idéntico” ¿Qué quiere decir esto para mí? Que los sentimientos —tanto los lindos como los feos—, las ansiedades, los miedos, las formas en las que pienso y el cómo uno se siente son cíclicos; ocurrirán en un continuo mientras viva.
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Reportaje histórico de Lorenzo Batlle Berres a Domingo Arena en su quinta. Memorias sobre El Día, la bohemia periodística y Batlle y Ordóñez

Reportaje al Dr. Domingo Arena por Lorenzo Batlle Berres El guarda, desde su puesto en el andén trasero, da un grito de advertencia a mis compañeros de viaje, a quienes embota la dulce pereza de la mañanita estival. Camino Avengo… Se detiene el pequeño autobús que en muchos trechos del largo viaje avanzó anhelante, y desciendo de él, entumecidos los miembros por la forzada quietud de casi una hora. Me baña el sol que cae a plomo sobre la carretera y, advirtiendo la soledad del paraje, abro los brazos y ensancho el pecho aspirando una gran bocanada de aire que trae olor de pastos y de rocíos… Después emprendo la marcha por la callecita en la que ponen extrañas manchas de sombra viejos eucaliptus. A mi izquierda, campos incultos, una gran quinta abandonada; a mi derecha, casitas coquetonas, pequeños comercios sin clientes y ranchos de muchachas de soldados, que andan atareadas en el trajín diario.